Víctimas o Cómplices en las Redes Sociales. La Economía de la Atención

Víctimas o Cómplices de las Redes Sociales

Este texto analiza cómo el mundo digital, bajo la lógica de la economía de la atención y ejemplificado por Instagram, invierte la realidad, convirtiendo a los artistas en víctimas o cómplices de un sistema diseñado para el agotamiento y la superficialidad. Critica la monocultura de plataformas que anula la autonomía. Propone un «pluralismo digital» y el modelo de «centro y radios», donde el artista controla su propio «centro» (comunidad auténtica) y usa plataformas masivas solo como «radios» de difusión. Se busca subvertir el sistema y priorizar la conexión humana sobre las métricas.

«En el mundo realmente invertido, lo verdadero es un momento de lo falso.» — Guy Debord, La sociedad del espectáculo, 1967

Desde esta inversión de la realidad, con ese quiebro de la inteligencia, podríamos dar por inaugurado el baile de máscaras contemporáneo. La etimología nos cuenta que la víctima (del latín victima) era el ser vivo destinado al sacrificio, la ofrenda para aplacar a un dios o para sellar un pacto. La víctima, pues, es aquel sobre quien se ejerce una fuerza externa que lo anula. Y en el otro lado, el cómplice, del latín complex, el que está «tejido con», el que participa de la trama.

Parecería, a primera vista, un binomio limpio, de esos que tanto gusta a una época que ha hecho de la simplificación su más rentable modelo de negocio. O estás con nosotros o estás contra nosotros. O eres víctima o eres cómplice.

Pero la cosa, como casi siempre que se rasca un poco, tiene más miga. El asunto que nos convoca es la sospecha, casi la certeza, de que hemos acabado por convertir la condición de víctima en una suerte de coartada, un refugio desde el que nos permitimos no actuar, mientras, paradójicamente, colaboramos —a veces con un entusiasmo digno de mejor causa— con el mismo sistema que nos convierte en ofrendas sacrificiales. Un sistema que, en su genialidad, ha conseguido adelgazar la realidad hasta dejarla en el chasis, convirtiendo la complejidad de la vida, y muy en especial la de las enseñanzas artísticas, en un producto de consumo rápido, en un meme, en algo, en definitiva, ridículo.

Precisamente en este panorama, la experiencia de los artistas en plataformas digitales ofrece una ilustración perfecta de este ‘ridículo’ sistémico y de la verdadera trampa. Un análisis exhaustivo de la arquitectura de plataformas como Instagram revela que los desafíos, frustraciones y el agotamiento que los artistas experimentan no son fallos accidentales, sino características integrales de un modelo de negocio basado en la economía de la atención. Instagram funciona exactamente como fue diseñada: no como una galería para el arte ni como un ágora para la comunidad, sino como un mercado incesante y altamente eficiente para la atención del usuario. La superficialidad, la competencia y la dependencia de las métricas no son errores del sistema; son el sistema mismo. La monocultura de plataformas digitales, donde Instagram ostenta una posición central, crea así una «encerrona» para los artistas, limitando sus opciones y empujándolos a una complicidad por agotamiento. Aunque intuyen que la plataforma no es una «galería para el arte» sino un «mercado incesante para la atención», se sienten obligados a participar para no perder visibilidad. Esta participación pasiva, por falta de energía o alternativas claras, los «teje con» el sistema, aceptando el «sucedáneo» de interacción en lugar de buscar una comunidad auténtica, convirtiéndose así en cómplices del propio mecanismo que vacía de sentido su práctica.

Ante esta realidad, la solución para la comunidad artística no puede ser simplemente «intentar ser mas visible» o «ser más estratégico» dentro de un juego fundamentalmente amañado en su contra. La inteligencia práctica sugiere un cambio de paradigma: abandonar la idea de una monocultura de plataformas y abrazar un pluralismo digital. Instagram puede servir como un «radio»—una herramienta de difusión de amplio alcance, un embudo superior para atraer a una audiencia casual—, pero el «centro» de la práctica del artista (donde reside la comunidad auténtica, el diálogo crítico, el trabajo en profundidad y el apoyo sostenible) debe estar en una plataforma que el artista controle directamente (un canal privado de Telegram). Esto permite recuperar la agencia y la autonomía, separando la difusión del marketing del arte y construyendo ecosistemas digitales que prioricen la conexión y la profundidad sobre la viralidad, subvirtiendo así las reglas del juego desde dentro.

Y es aquí, en esta encerrona —pues no tiene otro nombre—, donde la figura del cómplice, ese que está ‘tejido con’, revela su trágica modernidad. Nos hacemos cómplices no por maldad, sino por agotamiento. Aceptamos el sucedáneo. Renunciamos a la autonomía a cambio de una ilusión de participación. El sistema nos ofrece un sinfín de atajos que parecen creativos pero que son, en realidad, bucles en el atractor de lo previsible. Nos vende la «inundación» de información como acceso al conocimiento, cuando en realidad es una forma sutil de censura que nos induce a una «ignorancia» sobrevenida, incapacitándonos para agregar, para tejer sentido. Nos ofrece talleres de coaching ontológico y cursos de «creatividad» enlatada que prometen una catarsis de baja intensidad, un pequeño alivio emocional sin la engorrosa necesidad de una verdadera transformación.

La verdadera trampa, por tanto, no es tener que elegir entre ser víctima o cómplice. La verdadera trampa es aceptar que esas son las únicas opciones. Salir de ahí no pasa por negar nuestra vulnerabilidad ni por fustigarnos por nuestra complicidad. Pasa, más bien, por un acto de inteligencia práctica, por una astucia que nos permita reconocer las reglas del juego para poder subvertirlas desde dentro. Se trata de dejar de quejarse del menú que nos ofrecen y empezar a cultivar nuestro propio huerto, por pequeño que sea. Implica entender que la autonomía no es un estado que se alcanza, sino una práctica que se ejerce, una tensión que se sostiene.

Quizá, el primer paso no sea dejar de fingir, sino aprender a fingir mejor. Fingir que creemos en sus reglas para, desde esa aparente sumisión, encontrar los resquicios, las fallas, los puntos de fuga. Quizá el acto más radical de insumisión hoy no sea gritar «no soy una víctima», sino susurrar, con la astucia: «sé perfectamente en qué telaraña estoy tejido… y ahora voy a empezar a tirar de los hilos». En el ámbito digital, esto se traduce en la construcción deliberada de esos ‘centros’ propios, abrazando el pluralismo digital y despojando a las plataformas dominantes de su poder hegemónico, para que el arte y la conexión humana prevalezcan sobre la métrica y el engagement.

Mónica Bermúdez

Mónica Bermúdez

Mónica Bermúdez

Residente

Mónica Bermúdez Paniagua se especializa en la creación de materiales formativos para personas autistas, combinando su interés por el dibujo/pintura con el área social. Su formación incluye Enseñanza del Arte y Comunicación Visual. Reside en Jaén, una experiencia que describe como transformadora y muy positiva, y se siente profundamente agradecida con la ciudad que la ha acogido. Mónica es una persona abierta, curiosa y adaptable, que disfruta experimentando y aprendiendo de los demás. En la residencia, desea aprender nuevas técnicas y crecer en un entorno colaborativo. Su proyecto buscará centrarse en los paisajes y la riqueza cultural de Jaén como una forma de agradecer a la ciudad por todo lo que le ha brindado, buscando una conexión profunda con el entorno y aportando desde su experiencia.

Con Tres Heridas nº 1

Con Tres Heridas nº 1

Primer número · 2021

En octubre de 2020, la Fundación Legado Literario Miguel Hernández le encargó a Jaén Edita una publicación de poesía y arte impreso que debía llevar por nombre un verso de Miguel Hernández. El primer número se diseñó e imprimió en los talleres de Jaén Edita durante 2021.

No es un libro sobre Miguel Hernández. Es un libro donde sus poemas conviven con los de dos poetas de hoy y con la obra de cuatro artistas, y donde el papel se fabricó a mano para ellos.

No es un libro sobre Miguel Hernández. Es un libro donde sus poemas conviven con los de dos poetas vivos y con la obra de cuatro artistas, y donde el papel se fabricó a mano para ellos.

Los poemas

Miguel Hernández, cuatro poemas, en las páginas 1, 2, 16 y 17: «Vientos del pueblo me llevan», «Llegó con tres heridas», «Gozar y no morirse de contento» y «Umbrío por la pena, casi bruno».

Antonio Carvajal, en las páginas 2, 3 y 4, con tres poemas escritos para esta edición que se titulan, juntos,

Los poemas

Miguel Hernández, cuatro poemas, en las páginas 1, 2, 16 y 17: «Vientos del pueblo me llevan», «Llegó con tres heridas», «Gozar y no morirse de contento» y «Umbrío por la pena, casi bruno».

Antonio Carvajal, en las páginas 2, 3 y 4, con tres poemas escritos para esta edición que se titulan, juntos, «Tres variaciones sobre temas de Miguel Hernández».

Yolanda Ortiz, en las páginas 13, 14 y 15, también con tres poemas inéditos.

De ese segundo verso de Hernández —«Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida», del Cancionero y romancero de ausencias— toma su nombre la colección entera.

Carmen Cachinero Venzalá

«Trinchera», páginas 6 y 7. Grabado en hueco a una tinta, sobre fotopolímero. Suyas son la matriz y la estampación.

«Trinchera», de Carmen Cachinero Venzalá, en las páginas 6 y 7

Fernando Evangelio

«Umbrío», páginas 18 y 19. Xilografía a dos tintas.

«Umbrío», de Fernando Evangelio, xilografía a dos tintas, páginas 18 y 19

Antonio Damián

Serigrafía a una tinta, en las páginas 5, 8 y 12, y las piezas que recorren el número: «Mapa», «Carretera secundaria», «Montículo», «Caligrafía», «Caligrafía II», «Corazón», «Gesto», «Abrazo» e «Índice».

Serigrafía de Antonio Damián en las páginas 5 y 8
«Llegó con tres heridas», el poema de Miguel Hernández que da nombre a la colección, en serigrafía roja con un corazón flechado, sobre el papel de fibras.
«Vientos del pueblo me llevan», de Miguel Hernández, sobre «Mapa», serigrafía en naranja de Antonio Damián, junto a la tercera variación de Antonio Carvajal.
«Los yunques torrenciales de las lágrimas» y «Embargan yacimientos de leones», de Antonio Carvajal, sobre «Carretera secundaria», serigrafía de Antonio Damián.
«Gozar, y no morirse de contento», de Miguel Hernández, junto a un inédito de Yolanda Ortiz sobre serigrafía tenue.
Dos poemas inéditos de Yolanda Ortiz en tipografía sobre serigrafía tenue, páginas 14 y 15.

Jim Lorena

El desplegable, en paperart con dos tintas de serigrafía.

El desplegable, de Jim Lorena, en paperart con dos tintas de serigrafía

El objeto

Papel · Cinco hojas de 44 × 32 cm hechas a mano en el taller, de 220 g. Cuatro son de algodón; la quinta, de lino, abacá y banano, hace además de envoltorio. El pliego del grabado calcográfico va a 250 g, para que aguante la presión del tórculo. Cambia la fibra; el peso, solo donde hace falta.

Desplegable · 64 × 44 cm de abacá y lino, de 60 a 80 g, plegado dentro de la quinta hoja. Es la pieza mayor y la más ligera, y la que más varía: el paperart no se comporta como una hoja formada en tina.

Formato · 22 × 32 cm cerrado. Pliegos en rama, sueltos dentro de su envoltura y sin coser, de modo que el lector decide en qué orden los recorre.

Técnicas · Calcografía en fotopolímero, serigrafía, xilografía y paperart. Cuatro técnicas distintas en un mismo ejemplar.

Cubiertas · Serigrafía sobre tejido no tejido consolidado con baños de gelatina y dispersiones acrílicas. La sobrecubierta es «Coloraos», obra propia de Antonio Damián, serigrafía a seis tintas sobre el mismo soporte, tratado además con silicato de sodio. Toma su nombre del paisaje del desierto de los Coloraos, en Guadix.

Impresión · Antonio Damián, Carmen Cachinero y Francisco Sánchez Portellano. Diseño de Antonio Damián.

Tirada · 125 ejemplares numerados y firmados, de una edición de 150: los 125 venales, doce pruebas de artista, doce fuera de comercio y un «bon à tirer».

Los datos de la edición y la disponibilidad del número 1 están en su ficha. Después llegaron dos números más: el número 2, con siete poemas inéditos de Antonio Gómez y Begoña M. Rueda y «Gaza», el tercero, que cierra la colección. Los tres salen del mismo encargo de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández. Aquí está la colección Con Tres Heridas, contada entera. Y si lo que interesa es de dónde sale cada edición, está explicado en cómo cada número nace de un sistema de taller.

El primer número de la colección, en vídeo.

Gaza. Tercer número de la Colección de Poesía y Arte impreso Con Tres Heridas

Gaza

Tercer número · 2024

En enero de 2024, la Fundación Legado Literario Miguel Hernández encargó a Jaén Edita el tercer número de la colección. Se diseñó y se estampó en los talleres de Jaén Edita durante ese mismo año, y con él la colección se cierra.

Los dos anteriores se imprimieron sobre algodón, lino y abacá. Este cambia de fibras y de forma: entran el yute y el sisal, las hojas ya no se pliegan sino que van cosidas por el lateral, y el poema habla de una guerra que estaba ocurriendo mientras se estampaba.

Los poemas

Miguel Hernández, con «Me llamo barro aunque Miguel me llame», que hace de puente entre los demás.

Elena Feliu, con dos poemas de Otro amor elegidos por Antonio Damián, «Incertidumbre» y «Afinidad», y tres inéditos escritos para esta edición: «Impregnación», «Estación del fango» y «Gaza».

El poema «Gaza» va impreso en serigrafía y recorre el número tramo a tramo, junto a los grabados. El resto va en un cuadernillo aparte, en impresión digital.

Antonio Damián

Los seis grabados, de 44 × 32 cm, en fotopolímero. Son la obra entera del número: aquí no hay reparto entre artistas como en los dos anteriores.

Trabajó a partir de la lectura de Claramonte de la teoría de los estratos de Nicolai Hartmann, que él y la poeta usaron como marco común. Suyo es también el diseño del número y la estampación.

«Paisaje», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: una hilera de piedras pálidas al pie de un tronco abierto en capas, sobre un suelo de barro agrietado

Gaza

«Vértebra pequeña», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: una piedra grande y clara apoyada en un tronco y, a su derecha, una vértebra oscura sobre el barro cuarteado

Es lunes, 

después de la tormenta.

«Vértebra sobre rama», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: dos vértebras sobre madera descascarillada, la menor a la izquierda y la mayor a la derecha

Camino del trabajo

me conmueven los árboles caídos,

«Piedra sobre vértebra», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: una vértebra oscura medio hundida en el barro agrietado, con una piedra pálida encima

las raíces al aire,

las ramas contra el suelo.

«Vértebra grande», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: una vértebra de frente, erguida sobre la veta de la madera, con un hueco oscuro en lo alto

La metáfora es fácil: “son cadáveres”.

Observar la ciudad 

y escribir “cementerio”.

«Piedra sobre rama», grabado en fotopolímero de Antonio Damián: una piedra clara apoyada en una rama larga y astillada, con una esquirla oscura debajo, sobre barro seco

El lenguaje me asusta:

esa frivolidad,

esa mentira.

La materia y la palabra, por Elena Feliu

En esta tercera entrega de Con Tres Heridas, la poesía y el arte impreso se combinan para crear lo que Antonio Damián denomina “espacios emocionales”, en un proceso creativo que ha constituido un diálogo entre artista visual y poeta, un proceso de ida y vuelta. 

Antonio Damián estableció como marco de trabajo la interpretación de Claramonte de la teoría de los estratos de Nicolai Hartman, en la que la obra de arte se analiza desde su estratificación en lo inorgánico, lo orgánico, lo psíquico y lo social objetivado. En este contexto, el punto de partida de la labor creativa de Antonio fueron dos poemas míos pertenecientes al libro Otro amor, en concreto, a la cuarta sección, “Propiedades mecánicas”, en la que se aborda la fragilidad del sentimiento amoroso y de la propia identidad empleando para ello las propiedades mecánicas de los materiales como metáfora. Los dos poemas seleccionados se basan en la antítesis. En concreto, en el poema titulado “Incertidumbre” se mencionan dos propiedades contrarias, la tenacidad y la fragilidad, mientras que en el poema titulado “Afinidad” los elementos contrapuestos son el diamante y la tiza, ambos frágiles, pero de muy distinta dureza. Antonio Damián ha plasmado con sutileza estos aspectos en su obra de paper art, en la que las formas, los colores y las texturas evocan los materiales —y sus propiedades— mencionados en mis poemas (diamante, tiza, fragilidad). De esta forma el proyecto nace en el estrato de lo inorgánico, aunque el hecho de que lo material se emplee para hablar sobre la subjetividad constituye un salto del estrato inorgánico al psíquico, pasando por el orgánico, que podríamos ver reflejado en la imagen del corazón, a fin de cuentas, un elemento corporal, una víscera.

A su vez, el poema de Miguel Hernández elegido, “Me llamo barro aunque Miguel me llame”, funciona como puente entre los poemas de Otro amor seleccionados por Antonio Damián (“Incertidumbre” y “Afinidad”) y mis tres poemas inéditos (“Impregnación”, “Estación del fango” y “Gaza”). En el poema de Miguel Hernández, lo inorgánico (barro, agua, vidrio) se combina con lo orgánico (buey, flor, amapola, talones) para hablar sobre la subjetividad, el sentimiento amoroso y el deseo, pasando de ese modo al estrato de lo psíquico. En el caso de mis tres poemas inéditos, he buscado combinar la reflexión sobre el barro como materia—enlazando así con el poema de Miguel Hernández— con el tono sombrío de las imágenes creadas por Antonio Damián y con esa forma y textura del papel que recuerda a salpicaduras, a fango que se extiende. Esa exploración me ha llevado a transitar desde el tema amoroso hacia otros territorios —la desolación de la guerra, el disfraz del lenguaje— a partir del hilo conductor del barro.

En mis poemas inéditos se parte de lo inorgánico, representado por el barro, el papel y la piedra en los poemas “Impregnación” y “Estación del fango”, aunque sin duda lo material e inorgánico funciona en estos textos como un símbolo de la subjetividad, alcanzando así el estrato de lo psíquico. Desde lo inorgánico de las dos primeras composiciones se avanza hacia lo orgánico en el poema “Gaza” a través de la imagen de los árboles caídos, de sus ramas y raíces. En este mismo poema, el estrato de lo orgánico se engarza con el estrato de lo psíquico cuando la voz poética se conmueve ante la visión de los árboles caídos, reflexiona sobre el empleo de la metáfora y se asusta ante la frivolidad con que el lenguaje nos permite representar y alterar la realidad. Finalmente, el estrato de lo social objetivado aparece manifestado en las referencias de los poemas a la guerra de Ucrania (“Estación del fango”) y a la guerra de Gaza (“Gaza”).

De este modo, en estos espacios emocionales construidos mediante la unión de arte impreso y poesía, la materia y la palabra se combinan en un recorrido que comienza en el amor y avanza hacia la muerte, a través de la reflexión sobre el poder del lenguaje.

El objeto

Papel · Lino, abacá, yute y sisal, a 90 g. Los dos números anteriores se imprimieron sobre algodón, lino y abacá: aquí entran el yute y el sisal, y el algodón desaparece.

Grabados · Seis, de 44 × 32 cm, en fotopolímero. Cada uno acompaña a un tramo del poema «Gaza».

Formato · No tiene formato cerrado, porque las hojas no se pliegan. Van cosidas por el lateral, y por eso este número se hojea mientras los otros dos se despliegan.

Técnicas · Fotopolímero en los seis grabados, serigrafía en el poema «Gaza» e impresión digital en el cuadernillo con el resto de los poemas.

Cubiertas · Serigrafía sobre tejido no tejido consolidado con baños de gelatina y dispersiones acrílicas, diseñadas por Antonio Damián. Es lo único que se mantiene igual en los tres números.

Impresión · Antonio Damián, en los talleres de Jaén Edita. Diseño de Antonio Damián.

Tirada · 30 ejemplares venales y 10 fuera de comercio, firmados y numerados. Existe además una edición digital de «Gaza», de 100 ejemplares.

Los seis grabados y los treinta ejemplares venales tienen su ficha en la tienda. Los dos números anteriores se imprimieron sobre algodón, lino y abacá. Están el número 1, de 2021 y el número 2, de 2022. El cambio de fibras que trae este solo se entiende junto a ellos. La colección Con Tres Heridas reúne los tres, y con «Gaza» se cierra.

Con Tres Heridas nº 2

Con Tres Heridas nº 2

Con Tres Heridas nº 2

Segundo número · 2022

Segundo número de Con Tres Heridas, diseñado e impreso en los talleres de Jaén Edita por encargo de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández.

Es el número donde la conversación se estrecha. Antonio Gómez entra tres veces —como poeta, como origen de dos estampas y firmando con Antonio Damián el único texto de la colección escrito a cuatro manos.

Los poemas

Miguel Hernández · «Una querencia tengo por tu acento» · «El silbo de la llaga perfecta» · «El amor ascendía entre nosotros» · «Llegó con tres heridas». Y un verso suyo, el de «El corazón es agua», que no va impreso como poema sino que da nombre y forma al desplegable.

Antonio Gómez · «Irrevocable el equilibrio» · «Esencial la levadura» · «Inoportuna» · «Cerraré los ojos», inéditos hasta esta edición.

Begoña M. Rueda · «Ahuecas las manos» · «Como que tengo» · «Tengo mi vida pendiente», también inéditos.

De los once poemas del número, siete se publicaron aquí por primera vez.

Sandra Carvalho

«Hojas», dos veces. La primera es una serigrafía que acompaña «Como que tengo», de Begoña M. Rueda: un dibujo de hojas que cubre el pliego entero y sobre el que se lee el poema.

La segunda se levanta en tres pasadas. El fondo amarillo es un monotipo, y sobre él van dos serigrafías: un dibujo de hojas casi desvaído y, encima, una rama en negro texturado.

«Hojas», de Sandra Carvalho, con un poema de Begoña M. Rueda
«Hojas», de Sandra Carvalho

Antonio Damián

Seis obras. «Agua», «Corazón», «Corazón y flecha», «Corazón negro» y «Cinta» están estampadas con serigrafía e impresión piezoeléctrica, las dos técnicas que conviven en casi todos los pliegos y que dan al número su superficie.

La sexta es la excepción. «El corazón es agua» es el desplegable, hecho en paperart con serigrafía: va doblado dentro de la quinta hoja y se abre en tres tiempos, con el verso de Miguel Hernández que le da nombre recorriéndolo en caligrafía.

«Agua», de Antonio Damián, con poemas de Antonio Gómez
«Corazón», de Antonio Damián, con poemas de Miguel Hernández
«Corazón y flecha», de Antonio Damián, con un poema de Begoña M. Rueda
El desplegable, segunda apertura: «agua que se acaricia»
Pliego con la cinta métrica, de Antonio Damián
Estampa en forma de corazón con un rostro en trama, de Antonio Damián

Antonio Gómez

De dos obras suyas salen las dos que se ven aquí. Antonio Damián las reinterpretó y las estampó conservando sus títulos, «Índice» y «Otro índice»: lo que está debajo es obra de Damián, y el punto de partida es de Gómez. Las de partida no se ven en el número.

Entra además como poeta, con cuatro poemas, y firma con Damián «Voz, muerte, deseos», el único texto de la colección escrito a cuatro manos.

«Índice», de Antonio Damián
«Otro índice», de Antonio Damián, con un poema de Begoña M. Rueda

El objeto

Papel · Cinco hojas de 44 × 32 cm de algodón hecho a mano, de 220 g. La quinta hace de envoltorio.

Desplegable · 64 × 44 cm, en abacá y lino, doblado dentro de la quinta hoja.

Formato · 22 × 32 cm cerrado. Pliegos en rama, sueltos y sin coser.

Técnicas · Serigrafía e impresión piezoeléctrica en casi todos los pliegos, con paperart en el desplegable y monotipo en una de las estampas.

Cubiertas · Serigrafía sobre tejido no tejido consolidado con baños de gelatina y dispersiones acrílicas.

Impresión · Antonio Damián.

Tirada · 125 ejemplares numerados, firmados por Sandra Carvalho, Antonio Gómez y Antonio Damián.

Los datos de la edición y su disponibilidad están en su ficha. Antes estuvo el número 1, de 2021, con cuatro artistas y cuatro técnicas; después llegó «Gaza», de 2024, con uno solo. La colección va de cuatro manos a una. Los tres salen del mismo encargo — la colección Con Tres Heridas —, y el modo de trabajo que los une está contado en cómo cada número nace de un sistema de taller.

El segundo número de la colección, en vídeo.