Mack Doselementos Crew en el taller: cincuenta hojas para dejar dieciséis

Mack Doselementos Crew en el taller: cincuenta hojas para dejar dieciséis

Mack Doselementos Crew en el taller: cincuenta hojas para dejar dieciséis

Un oficio se mide por lo que se descarta

Mack Doselementos Crew cruzó su grabado en relieve con el pulp painting y el papel hecho a mano del taller. De la residencia salió Nazas, 2026: dieciséis piezas únicas de más de cincuenta hojas hechas.

Jaén, 2 de agosto de 2026 · Residencia de julio de 2026

Mack Doselementos Crew entró en el taller de Jaén Edita el 14 de julio de 2026 y salió el 26. Viene de la Comarca Lagunera, de Torreón, y dirige allí Nazas Gráfico, un colectivo de cinco años que gestiona el Centro Cultural Antigua Harinera y trabaja por democratizar la gráfica: talleres para las infancias del barrio y un club de grabado para quien quiera seguir produciendo. Fundó en 1999 el crew de grafiti 2 Elementos, de donde le viene el nombre. Es biólogo, y se le nota en la obra antes que en la biografía: su serie Ictiofauna del Río Nazas nombra a los peces en latín —Micropterus salmoides, Ictalurus punctatus— y los estampa en relieve sobre tela de 120 × 240 cm. No llegó por convocatoria: Coral Revueltas lo invitó al Atlas de la Sutura, dentro del proyecto (IN)visibles, donde participó con #fuckice, un linograbado sobre papel de algodón. De ahí salió la red, y de la red, la residencia.

Entró con la serie Nazas, que lleva el nombre del río de su comarca, el mismo que da nombre a su taller. No vino a por una máquina que no tuviera: vino a cruzar su manera de editar con la de esta casa y a meter en su trabajo procedimientos que no manejaba. El cruce tiene nombre técnico. Él trae el grabado en relieve, que es lo suyo desde el muro y la gubia; aquí lo puso encima del pulp painting, que aprendió en la tina, y el taller fabrica el papel que imprime, con sus fibras de lino y abacá.

El pulp painting consiste en pintar con la pulpa. Se tiñe, se vierte sobre la forma y se deja escurrir, y la imagen se construye mientras la materia está húmeda. Cuando la fibra se asienta y el agua se marcha, no hay corrección posible: lo que quedó, quedó. Sobre esos campos de color va después la imagen, impresa en relieve desde matriz de linóleo. La pulpa pone el color; el linóleo, el dibujo.

IMG 8122 web

Trece días en la tina dan mucha agua. Mack hizo más de cincuenta hojas y dio por válidas dieciséis. Dos de cada tres se quedaron por el camino: una vertida que no cuaja no se rectifica, se repite. Y el sábado 25 por la noche, con la exposición ya inaugurada y la obra colgada, seguía levantando formas del agua. La muestra estaba abierta y él seguía haciendo papel. Por el camino probó también el fotopolímero por primera vez, con pruebas de carboncillo y de lápiz graso, y se lo llevó como tarea pendiente.

De la residencia salió Nazas, 2026: dieciséis variaciones del mismo gesto y ninguna igual. El motivo impreso es una nasa, la trampa trenzada con la que se pesca en el río que da nombre a la serie. El nombre viene de ahí: los españoles llamaron al cauce «río de las nasas» al ver a los indígenas pescar con estas trampas, y la ese acabó hecha zeta al fijarse el nombre propio. Nasas en el Nazas, y no como juego de palabras: para un biólogo que lleva años catalogando la ictiofauna de ese cauce, el aparejo forma parte del censo. No es una tirada —la matriz sí se repite; el papel, no—, y por eso son dieciséis piezas únicas: las que sobrevivieron a la selección.

IMG 7990 web
  • Técnica: pulp painting sobre papel hecho a mano, con imagen impresa en relieve desde matriz de linóleo
  • Papel: hecho en el taller, fibras de lino y abacá
  • Medidas: 64 × 54 cm cada pieza
  • Número: 16 piezas únicas

La estancia no terminó en carpeta, terminó en sala. El jueves 23 de julio, a las nueve de la noche, la serie se presentó en la Academia de Arte Carrillo, en la calle Martínez Molina, 13, junto a tres piezas de gran formato que Mack trajo de su taller de Torreón, estampadas en relieve sobre tela. Las de México miden hasta 2,69 metros; las de aquí caben en una hoja de 64 × 54. Puestas en la misma sala se ve de qué está hecha una residencia de trece días: la técnica que trajo, el procedimiento que aprendió y las dieciséis hojas donde los dos se cruzan.

No todo fue producción suya. Entre medias asistió a un taller del proyecto Detente con un grupo de niños, y de ahí se llevó una observación que no es de grabado: «una vez que se sienten en un ambiente seguro, no hay límites». Volvió a Torreón con eso, con el fotopolímero por practicar y con un oficio que no tenía al llegar.

Con Tres Heridas: cada edición sale de un sistema

gerencia

Un número no se fabrica: se negocia

Quien tiene en las manos un número de Con Tres Heridas sostiene un objeto concreto: estampas y poema impresos sobre papel hecho a mano, en una edición firmada y numerada, producida íntegramente en un taller de Jaén. Lo que no se ve a primera vista es que sostiene también un sistema de creación. Cada edición de esta colección sale del mismo modo de trabajar que el taller ha puesto por escrito como su modelo de residencias, y esta entrada cuenta ese vínculo.

Un encargo con tres números

La colección de poesía y arte impreso Con Tres Heridas nació como encargo de la Fundación Legado Literario Miguel Hernández, que la coedita con Jaén Edita, y toma su nombre del verso: «Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida». Van tres números publicados. En el primero conviven Miguel Hernández, Antonio Carvajal y Yolanda Ortiz con la obra gráfica de Antonio Damián, Carmen Cachinero, Fernando Evangelio y Jim Lorena; el tercero es «Gaza», con poema de Elena Felíu.

Un número no se fabrica: se negocia

Elena Felíu no escribe «Gaza» para un PDF: lo escribe para un objeto concreto.

CON TRES HERIDAS 3 · «GAZA»
Poema de Elena Felíu
Seis grabados en fotopolímero
Seis impresiones digitales del poema
Papel hecho a mano de lino, abacá, yute y sisal
Estampa y poema sobre el mismo papel

La estampa y el poema no se ilustran mutuamente: se necesitan. Decidir qué fibra, qué técnica y qué formato pide este poema —y no otro— es el trabajo editorial completo, del concepto al colofón.

El mismo sistema que la residencia

Ese modo de hacer tiene nombre y tiene escuela. El nombre es sintécnesis: dirigir el coro de agentes del taller —la plancha, el papel, la luz de la insoladora, el archivo digital— sin suprimir la voz de ninguno. La escuela es el modelo de residencias que el taller ensayó con las becas «Paisajes de Jaén» y tiene desde entonces por escrito: la carpeta como proyecto real, el error como material, el papel fabricado para cada obra, la trama decidida a mano. Lo que en la residencia es formación, en la colección es rutina de producción; el sistema es el mismo.

Las mismas personas

Las personas también son las mismas. Jim Lorena firma obra en el primer número de la colección y tutoriza en la residencia; Antonio Damián coordina las dos cosas. Quien enseña en el taller es quien produce en él, y esa coincidencia no es logística: es la garantía de que lo que se enseña se practica.

Por eso la colección y la residencia se alimentan mutuamente. La colección enseñó al taller a editar por proyectos; las becas convirtieron esa manera de trabajar en formación; y los residentes que hoy se forman en el modelo son quienes pueden firmar los próximos números o levantar colecciones propias. Cada edición nueva prueba que el sistema funciona; cada residencia forma a quien lo continuará.

Hasta el modo de mirar

El modelo busca obras que, según desde dónde se miren, dejen ver una capa u otra del territorio. El poema de Miguel Hernández hace exactamente eso con sus tres heridas: las nombra en un orden en la primera estrofa y las reordena en las siguientes, de modo que ninguna queda fijada como la principal. Editar con ese verso desde Jaén no es un homenaje de trámite: es trabajar con lo que este territorio guarda, y del mismo modo lenticular.

La misma economía

Con Tres Heridas 1 es una tirada de 50 ejemplares firmados y numerados, con su precio en la ficha del producto. Ese dinero y el de las residencias sostienen la misma casa: quien colecciona un número y quien patrocina una beca están pagando el mismo tórculo. Esa cadena se cuenta, como todo en este sistema, sin pedir perdón.

Después de la residencia: la destreza se vuelve oficio

gerencia

Una residencia se mide por lo que pasa cuando acaba

El modelo de Jaén Edita distingue cuatro términos que suelen confundirse.

CUATRO TÉRMINOS QUE NO SON SINÓNIMOS
Habilidad · el potencial
Destreza · la habilidad entrenada
Conocimiento · lo que se sabe
Competencia · la ejecución real en un entorno concreto

La residencia trabaja para llegar al último término. En 2025 la vara de medir fue práctica: al terminar, Gerard Olivas era competente para asumir los encargos de fotopolímero del taller; Elena Prado, para llevar el papel hecho a mano a su tesis doctoral; y otro residente, para producir los materiales audiovisuales del proyecto. La competencia no se declara: se demuestra con encargos reales.

El mercado no se deja para el final

El paso al campo profesional no se deja para el final. Desde el primer día, la residencia trata lo que los planes de estudio suelen esquivar: los contratos con los artistas, los derechos de propiedad intelectual, los marcos legales de producción —con Triángulo Legal como colaborador jurídico del proyecto—. No es burocracia: es preparar a los artistas para las realidades del mercado del arte, igual que se les prepara para la tina o el tórculo.

Nueve meses después

Por eso la estancia no termina con la clausura. El modelo prevé un acompañamiento de nueve meses —videoconferencias, revisión de proyectos, documentación profesional— para consolidar el paso al campo profesional: montar un taller, levantar una editorial, entrar en el circuito.

Por eso la estancia no termina con la clausura. El modelo prevé un acompañamiento de nueve meses —videoconferencias, revisión de proyectos, documentación profesional— para consolidar el paso al campo profesional: montar un taller, levantar una editorial, entrar en el circuito.

Lo que queda archivado

Tampoco desaparece el trabajo. La obra de 2025 sigue expuesta en la exposición virtual; el catálogo, con el respaldo del Vicerrectorado de Cultura de la Universidad de Jaén, está en preparación; y el conocimiento técnico generado —calibraciones, métodos, trucos ganadores— quedó documentado en las cápsulas del repositorio de Bajo Presión. Una residencia que no deja archivo no deja modelo.

Y prevé también su propia evolución. La formación por proyectos que se ensayó en la residencia camina ahora hacia una estructura académica reglada, en colaboración universitaria, que garantice la especialización sin dejar el tórculo. Cuando esa vía esté cerrada, se contará aquí con sus datos.

El objetivo es territorial

El objetivo último es territorial. Las residencias fijan en la provincia el talento que ya trabaja en la edición de arte y atraen a profesionales de fuera que se instalan o colaboran con los talleres locales. De esa doble corriente depende que Jaén no sea un receptor pasivo de cultura, sino un foco emisor: el nodo de edición de arte que el proyecto se ha propuesto consolidar.

Hay residencias que ceden espacio y tiempo: el artista llega, se le abre una puerta y se le desea suerte. Aquí el taller pone las máquinas, los materiales y el acompañamiento técnico de quien sabe usarlas, y se compromete también con el final del proceso: la edición del trabajo resultante, publicada con el sello Jaén Edita Press. El residente pone el viaje, el alojamiento y la manutención, por su cuenta o con una institución que lo respalde. El reparto se dice en voz alta porque el compromiso es mutuo: por aquí nadie pasa a mirar.

Quién paga esto

Las residencias sostienen económicamente esta casa. El modelo existe porque alguien —una fundación, una universidad, un patrocinador— decide que merece existir.

QUIÉN SOSTUVO LA EDICIÓN 2025
Fundación Unicaja Jaén
Vicerrectorado de Cultura · Universidad de Jaén
CIAE · Universitat Politècnica de València
IAC · Instituto de Arte contemporáneo
Triángulo Legal · colaboración jurídica

Esa cadena también forma parte del modelo, y se cuenta sin pedir perdón.

Un vivero, se decía al principio de esta serie, no cultiva para tener plantas: cultiva para que salgan de él. Aquí está la cuenta de lo que sale: una tesis que incorpora el papel hecho a mano, un artista que ya asume encargos técnicos, obra expuesta, un catálogo publicado y unas cuantas cápsulas de conocimiento a disposición de quien venga después. El taller sigue en la calle Las Higueras; lo que aprendió a hacer, no.

El paisaje no es un telón de fondo

gerencia

El olivar bañado en luz dorada es lo primero que hay que descartar

Toda residencia se celebra en algún sitio. La diferencia del modelo de Jaén Edita es que ese sitio no decora: trabaja. El paisaje de Jaén entra en la residencia como materia prima, con la misma condición que el papel o la tinta.

Contra la postal

El enfoque tiene origen conocido: las conversaciones sobre estética modal que el grupo mantuvo con el filósofo Jordi Claramonte durante sus tres días de trabajo en la residencia de 2025. De ahí salió una ruptura deliberada con la representación convencional del territorio giennense. Se renunció a los clichés —los omnipresentes campos de olivos bañados por una luz idealizada— que reducen su complejidad a una estampa turística, y se propuso entenderlo como una matriz de conflictos: un espacio donde se sedimentan la memoria física, la estructura topográfica y la verdad material del lugar, y donde cada artista negocia una relación personal, intelectual y emocional con él.

El territorio por capas

Para no quedarse en la postal, el modelo lee el territorio por capas.

CUATRO CAPAS DE LECTURA
Inorgánica · geología, relieve, clima
Orgánica · el olivar, los ecosistemas
Psíquica · memorias, afectos, percepciones
Social · historia, economía, usos del suelo

Una obra hecha desde este modelo aspira a lo que el programa llama una obra lenticular: una edición que, según cómo se mire, deja ver una capa u otra, en lugar de fijar una única vista bonita.

En la práctica, la investigación de 2025 se ordenó en tres frentes. Para trabajar la memoria física del territorio, algunos residentes manipularon el papel con técnicas como el fondino o el encapsulado, hasta convertirlo en una piel cargada de significado. Para trabajar su estructura, otros construyeron maquetas y las fotografiaron para llevarlas a la plancha, dando a la obra una geografía propia. Y para darle una presencia física a sus ideas, todos remataron en el mismo soporte: papel de lino y abacá hecho a mano, la verdad material del proyecto

Cuatro obras, cuatro capas

Eso exige método, no inspiración. Los proyectos no parten de imágenes encontradas, sino de trabajo de campo, consulta de archivos y conversación con quien vive y trabaja el territorio. En la carpeta de 2025 el resultado es comprobable y tiene nombres.

CARPETA 2025 · EL TERRITORIO EN LA OBRA
Antonio Alcaraz · la arqueología industrial del distrito minero de Linares
Shadi Alnokari · la playa como umbral del náufrago
Mónica Bermúdez · el cuerpo que se adapta al territorio que habita
Eve Mae · el Jaén simbólico, con su lagarto y su catedral

Llegar de fuera

Dos de esas obras las firman artistas llegados de lejos, y conviene detenerse ahí, porque es la pregunta que se hace todo el que solicita plaza desde fuera: cómo se trabaja en noventa días un territorio que no se conoce. El modelo no pide representar Jaén ni fingir una intimidad que no existe: pide negociar una relación con el sitio, y esa negociación suele empezar en el desajuste. Mónica Bermúdez llegó desde Costa Rica y trabajó el modo en que un cuerpo se acomoda a un territorio que no es el suyo; Shadi Alnokari hizo del desarraigo su asunto y encontró en la playa el umbral donde la tierra firme se rinde al mar. Llegar de fuera no es un obstáculo que compensar: es una posición de trabajo, y en ocasiones el tema mismo.

Trabajar desde Jaén es la tesis

Trabajar así desde Jaén no es una limitación: es la tesis. No hace falta una capital para sostener rigor conceptual; una ciudad de escala media en el sur puede ser laboratorio y nodo a la vez, precisamente porque su territorio ofrece una matriz que ningún otro sitio repite.

Ninguna de las obras de la carpeta podría haberse hecho, tal cual es, en otro lugar. Esa es la prueba que el modelo se exige: si la obra podría venir de cualquier parte, el paisaje no ha entrado en ella.

Sintécnesis: la tecnología como extensión de la mano

gerencia

Una estampa no es obra de una mano sola

Una estampa recién tirada no es obra de una mano sola. El negro que la define lo decidieron también la plancha, que absorbió la tinta según su grano; el papel, que la recibió según su fibra y la humedad del día; la insoladora, que reaccionó al positivo según su propio espectro de luz. El artista dirige el proceso, pero no lo ejecuta en solitario: cada agente aporta su parte conforme a una lógica que no es la suya. De la residencia «Paisajes de Jaén» salió obra, y salió también la palabra que nombra ese modo de hacer. Sintécnesis: la disposición a hacer-con un coro de agentes de lógica propia, dirigiéndolos sin suprimir su voz.

Dos destrezas, el mismo oficio

El concepto corrige un prejuicio muy extendido. El oficio suele identificarse con la mano que toca la materia: la presión de la tarlatana, el ángulo de la gubia, el punto de humedad del papel. Esa destreza manual sigue siendo insustituible. Pero junto a ella trabaja otra que el relato heredado no registra: la destreza mediada, la de quien ajusta un positivo para obtener una trama, anticipa el comportamiento de una plancha por el de la anterior o corrige un archivo en función de lo que la máquina hará con él. De quien calibra una insoladora se dice que «solo aprieta un botón»; la descripción es tan común como falsa. Las dos destrezas son saber tácito en el mismo grado, y en el taller tienen el mismo rango de oficio.

Cuatro casos con nombre

Los ejemplos de la residencia de 2025 tienen nombre propio.

SINTÉCNESIS EN LA CARPETA 2025 Hussein Al Maliki · matriz de xilografía tallada con láser, entintada y estampada a mano
Gerard Olivas · dibujo a mano alzada trasladado a plancha de fotopolímero
Elena Prado · atlas barroco intervenido digitalmente antes de fijarlo en la plancha
Pedro Hurtado · formas papeleras realzadas con impresión 3D

El papel se hace, no se encuentra

El caso que mejor enseña la sintécnesis es el papel. El papel de la carpeta no se encuentra: se hace, con el gramaje, el color y la absorción exactos para que la plancha transfiera la tinta. Fabricarlo ya es dirigir: hay que decidir fibras, refino, batido y cargas anticipando una estampa que todavía no existe. Cuando llega el momento de estampar, el papel responde con docilidad, y no porque no haya habido trabajo, sino porque el trabajo se venció antes, en la tina. Aun así, ante el tórculo queda siempre una última negociación: la humectación de la hoja, la presión, el registro, lo que el frío o la humedad de ese día concreto imponen.

La fricción, la vara de medir

A esa resistencia que pide juicio, el modelo la llama fricción, y es su vara de medir. Un tramo del trabajo conserva oficio si queda algo abierto que leer, ajustar e integrar; lo pierde si llega cerrado y solo pide aceptación. La fricción es lo que distingue crear de producir, y sirve para medir cualquier agente que entre en el taller, incluidos los que aún no existen: la pregunta no es si se admite o se rechaza una herramienta, sino si un uso concreto deja algo que negociar. Hay un tramo, eso sí, que no se delega nunca: la trama, la traducción por la que el gris continuo de una fotografía se convierte en el negro discontinuo de la plancha. Elegir ahí es el oficio.

Qué sabe hacer al salir

Para el residente, esto se traduce en destrezas que se pueden nombrar. Al entrar, la mayoría sabe dibujar y componer. Al salir, sabe además esto:

AL SALIR, EL RESIDENTE SABE Calibrar una plancha midiendo su curva de exposición Elegir la trama que pide esta imagen sobre este papel, y no otra Leer una prueba fallida y conjeturar por qué falló: si sobró luz, si el papel estaba seco, si la lineatura era demasiado fina para el fotopolímero Volver a la plancha con esa hipótesis

Ese ir y venir entre la conjetura y la prueba es lo que no cabe en un manual, y es exactamente lo que se aprende aquí. Nada de esto se aprende en un temario. Una destreza puede impartirse; una disposición se cultiva habitando el taller entero, con sus aciertos y su desperdicio. Mientras alguien sostenga el coro sin acallarlo y decida dónde el gris se vuelve negro, el taller seguirá siendo un taller: un lugar donde se crea, y no solamente se produce.