El paisaje no es un telón de fondo
El olivar bañado en luz dorada es lo primero que hay que descartarAquí el paisaje de Jaén no decora: entra en la obra con la misma condición que el papel o la tinta. Cuatro capas de lectura, tres frentes de investigación y trabajo de campo en lugar de imágenes encontradas.
Toda residencia se celebra en algún sitio. La diferencia del modelo de Jaén Edita es que ese sitio no decora: trabaja. El paisaje de Jaén entra en la residencia como materia prima, con la misma condición que el papel o la tinta.
Contra la postal
El enfoque tiene origen conocido: las conversaciones sobre estética modal que el grupo mantuvo con el filósofo Jordi Claramonte durante sus tres días de trabajo en la residencia de 2025. De ahí salió una ruptura deliberada con la representación convencional del territorio giennense. Se renunció a los clichés —los omnipresentes campos de olivos bañados por una luz idealizada— que reducen su complejidad a una estampa turística, y se propuso entenderlo como una matriz de conflictos: un espacio donde se sedimentan la memoria física, la estructura topográfica y la verdad material del lugar, y donde cada artista negocia una relación personal, intelectual y emocional con él.
El territorio por capas
Para no quedarse en la postal, el modelo lee el territorio por capas.
CUATRO CAPAS DE LECTURA
Inorgánica · geología, relieve, clima
Orgánica · el olivar, los ecosistemas
Psíquica · memorias, afectos, percepciones
Social · historia, economía, usos del suelo
Una obra hecha desde este modelo aspira a lo que el programa llama una obra lenticular: una edición que, según cómo se mire, deja ver una capa u otra, en lugar de fijar una única vista bonita.
En la práctica, la investigación de 2025 se ordenó en tres frentes. Para trabajar la memoria física del territorio, algunos residentes manipularon el papel con técnicas como el fondino o el encapsulado, hasta convertirlo en una piel cargada de significado. Para trabajar su estructura, otros construyeron maquetas y las fotografiaron para llevarlas a la plancha, dando a la obra una geografía propia. Y para darle una presencia física a sus ideas, todos remataron en el mismo soporte: papel de lino y abacá hecho a mano, la verdad material del proyecto
Cuatro obras, cuatro capas
Eso exige método, no inspiración. Los proyectos no parten de imágenes encontradas, sino de trabajo de campo, consulta de archivos y conversación con quien vive y trabaja el territorio. En la carpeta de 2025 el resultado es comprobable y tiene nombres.
CARPETA 2025 · EL TERRITORIO EN LA OBRA
Antonio Alcaraz · la arqueología industrial del distrito minero de Linares
Shadi Alnokari · la playa como umbral del náufrago
Mónica Bermúdez · el cuerpo que se adapta al territorio que habita
Eve Mae · el Jaén simbólico, con su lagarto y su catedral
Llegar de fuera
Dos de esas obras las firman artistas llegados de lejos, y conviene detenerse ahí, porque es la pregunta que se hace todo el que solicita plaza desde fuera: cómo se trabaja en noventa días un territorio que no se conoce. El modelo no pide representar Jaén ni fingir una intimidad que no existe: pide negociar una relación con el sitio, y esa negociación suele empezar en el desajuste. Mónica Bermúdez llegó desde Costa Rica y trabajó el modo en que un cuerpo se acomoda a un territorio que no es el suyo; Shadi Alnokari hizo del desarraigo su asunto y encontró en la playa el umbral donde la tierra firme se rinde al mar. Llegar de fuera no es un obstáculo que compensar: es una posición de trabajo, y en ocasiones el tema mismo.
Trabajar desde Jaén es la tesis
Trabajar así desde Jaén no es una limitación: es la tesis. No hace falta una capital para sostener rigor conceptual; una ciudad de escala media en el sur puede ser laboratorio y nodo a la vez, precisamente porque su territorio ofrece una matriz que ningún otro sitio repite.
Ninguna de las obras de la carpeta podría haberse hecho, tal cual es, en otro lugar. Esa es la prueba que el modelo se exige: si la obra podría venir de cualquier parte, el paisaje no ha entrado en ella.
