Apoya el taller

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El taller de Jaén Edita existe porque alguien decide que merece existir.

Hay tres formas de ser esa persona.

Qué sostiene este dinero

Lo que entra por aquí se convierte en semanas de taller: papel hecho a mano, planchas, tinta y el tiempo de quien viene a producir. Las becas de residencia son la parte de la casa que no se financia sola. Cómo se organiza esa estancia está contado en el modelo de residencias, desde dentro del taller; las condiciones y el calendario, en la ficha de las becas Paisajes de Jaén; y lo que sale de ellas se puede ver en las obras producidas durante las residencias. Y lo que entra por el tramo de Mecenas adelanta otra cosa: la producción de las publicaciones, que empiezan a imprimirse antes de estar vendidas.

Amigos del Taller · 60 € al año

El nivel de entrada: una cuota anual que cualquiera puede asumir. Sostiene el gasto corriente, que es el que nunca aparece en ninguna foto: el papel, la tinta, la luz de la insoladora, las horas.

Quien es Amigo del Taller recibe:

  • El grabado del año, Corazones imperdibles: mancha de 15 × 10 cm sobre papel de 20 × 30 cm.
  • Su nombre en el muro permanente del taller.
  • La newsletter trimestral, que cuenta procesos y no novedades.
  • Un 15 % de descuento en las publicaciones del catálogo.
  • Invitación a los actos del taller.

Suscriptores · 150 € al año

Todo lo de los Amigos del Taller, con el mismo grabado del año en el formato mayor: mancha de 21 × 29,7 cm sobre papel de 29,7 × 42 cm. Corazones imperdibles es fotopolímero sobre papel hecho a mano, firmado y numerado.

Además, una visita guiada al taller cada año y el nombre en los créditos de las publicaciones que ayuda a producir.

Mecenas de Jaén Edita Press · cantidad libre

No es una cuota. Es un adelanto al fondo editorial: ese dinero se convierte en producción, y lo que sale del taller vuelve en obra.

Incluye todo lo de los Suscriptores. Qué obra y cuándo se acuerda hablando con el taller, en una visita o por correo.

Ese adelanto es lo que permite empezar un número sin esperar a venderlo.

Cómo se apoya

Las tres formas se gestionan por correo: info@jaenedita.org. El taller responde con los datos para la transferencia y da de alta la aportación.

Memoria firme II

Memoria firme II

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Esta obra del artista cubano Octavio Irving es una litografía realizada con la técnica de la siligrafía (litografía con protección de silicona). Este procedimiento le permite al artista jugar con la rica textura y gestualidad del trazo graso, convirtiéndose en un vehículo perfecto para su lenguaje visual. A través de esta técnica y de una figuración simbólica y surrealista, Irving explora las profundidades de la psique humana.

Composición y Elementos Visuales

La dinámica composición se centra en una interacción inquietante. Una figura híbrida dominante, con cabeza de ave o máscara, conecta su afilado pico de forma violenta con una de las cabezas humanas que flotan en el espacio. Esta acción sugiere una relación de poder o un vampirismo intelectual, mientras que las otras cabezas, con expresiones de pasividad o tormento, intensifican la atmósfera onírica y perturbadora.

Exploración Temática y Simbolismo

La obra se adentra simbólicamente en temas existenciales de alcance universal, utilizando la interacción central como una potente metáfora. Esta acción puede leerse como un acto de manipulación y control psíquico, donde una entidad dominante impone su voluntad sobre otra. La evidente fragmentación de los cuerpos y la angustia latente en los rostros son la manifestación visual de una extrema vulnerabilidad.

Estilo y Dominio Técnico

El estilo  gestual de Irving prioriza la emoción sobre la representación mimética. Su trazo es una fuerza en sí misma: enérgico, violento y profundamente físico. Más que dibujar, el artista parece esculpir las figuras con un denso tramado de líneas que se acumulan y se cruzan, creando una superficie texturizada que dota a los cuerpos de una vibrante y palpable tensión, tanto física como anímica. Este dinamismo se ve intensificado por un claroscuro magistral, donde las sombras profundas no solo definen el volumen, sino que se convierten en protagonistas activas de la escena, creando un ambiente opresivo y claustrofóbico. La luz lucha por emerger de esta oscuridad que amenaza con devorarlo todo. Finalmente, las figuras emergen de un fondo deliberadamente vacío, un no-lugar que funciona como un escenario puramente mental. Al aislar la escena de cualquier contexto narrativo o temporal, Irving obliga al espectador a una confrontación directa y sin escapatorias con la cruda carga psicológica de la interacción, convirtiendo la observación en una experiencia introspectiva.

Esta pieza manifiesta el poderoso universo de Octavio Irving. Frente al «vacío ontológico» que se debate en el arte contemporáneo, su obra se afirma con una figuración visceral y autorreferencial. Su trabajo se resiste a ese vacío, dotando a sus creaciones de un cuerpo sufriente, una voz expresionista y una clara teleología centrada en la condición humana. Con su técnica depurada y simbolismo, el artista nos invita a reflexionar sobre el poder y las zonas oscuras de la psique, confirmando su lugar como una voz fundamental en el arte actual.

Belen Mazuecos

Belen Mazuecos

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La obra de Belén Mazuecos se erige como una potente y compleja alegoría visual que, bebiendo del lenguaje surrealista, lanza una aguda crítica a la crisis contemporánea. A través de una simbólica composición en blanco y negro, la artista nos sumerge en un paisaje post-apocalíptico que funciona como un espejo de nuestras ansiedades colectivas: el cambio climático, la fragilidad de la cultura y el absurdo rol de la humanidad en medio de un desastre autoinfligido.

La obra ha sido realizada con un grabado en fotopolímero a partir de una de sus pinturas. La elección del monocromo intensifica el dramatismo de la escena, creando un claroscuro que modela las formas y genera una atmósfera tan sombría como desoladora. El escenario es un paisaje ártico en pleno deshielo, un mar caótico de témpanos fragmentados sobre el cual se yuxtaponen tres elementos de manera ilógica y provocadora: un glaciar con la inscripción «MUSEO», una figura humana disfrazada de oso panda y un busto clásico hundiéndose junto a una escalerilla de piscina.

Esta composición es el punto de partida para una mordaz crítica al mundo del arte, un tema central en la obra de Mazuecos. La institución cultural, el «MUSEO», está grabada sobre una estructura natural, efímera y a punto de desaparecer. Al mismo tiempo, el legado de la cultura, simbolizado por la estatua clásica, se presenta como un náufrago inútil, reducido a un mero objeto estético que flota sin función en medio de la catástrofe.

Para comprender la profundidad de esta crítica, es fundamental analizar los símbolos recurrentes que la propia artista ha desarrollado. Los osos panda, como el que protagoniza esta escena, representan a los mediadores del arte —curadores, galeristas, críticos— que "cuidan" a los artistas, a quienes ella considera una "especie frágil". El disfraz, por tanto, se convierte en una metáfora de la manipulación y el control ejercidos por estos agentes, así como una alusión al camuflaje y la mascarada que el propio artista debe adoptar como táctica de supervivencia en un sistema a menudo hostil.

Este agudo análisis del ecosistema artístico es el resultado de un enfoque casi etnográfico, donde la práctica de Mazuecos se convierte en una investigación de campo. Como artista y académica, observa y registra las dinámicas del sistema, traduciendo sus hallazgos en obras que reflexionan sobre la precariedad y la crisis de identidad del creador contemporáneo, atrapado entre la autenticidad y las presiones del mercado.

De este modo, la narrativa surrealista de la obra trasciende la crítica medioambiental para cuestionar el valor que otorgamos a la cultura en un mundo en crisis. Es una pieza que incomoda y obliga a reflexionar, un sombrío recordatorio de que, en el gran naufragio, quizás el arte sea solo otro de los objetos que flotan a la deriva.

Sedimentos, estratos de historia. Jim Lorena

Sedimentos, estratos de historia. Jim Lorena

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Titulada «Sedimentos, estratos de historia», la obra de Lorena es un grabado en fotopolímero sobre paperart que nos transporta a un tiempo remoto. Como parte de su proyecto «Tiempo Mineral», esta pieza explora el origen de la expresión humana: ese pasado primigenio donde la huella y el símbolo eran la única forma de dejar constancia de la existencia.

La obra se presenta como un hallazgo arqueológico, centrada en un «libro piedra» creado por la propia artista. Este objeto cerámico, cocido con la arcaica técnica de pit fire, posee un carácter ancestral y único. El diálogo entre la técnica y el soporte es clave: el fondo, que evoca las texturas del muro de la Catedral de Jaén, actúa como el sustrato, la tierra misma. Sobre él, el «libro piedra» aparece como un sedimento cultural desenterrado, un testimonio de la creatividad humana.

El intenso contraste entre el negro del libro y los tonos cálidos del fondo crea una sensación de revelación, como si el objeto acabase de ser descubierto. Sus texturas y marcas no son azarosas, sino que evocan los primeros ideogramas y nos conectan con el nacimiento de la escritura. De hecho, el «libro piedra» no contiene texto legible, sino la esencia de ese impulso: la necesidad de dejar una huella. Simboliza el momento en que el ser humano, ya fuera en Altamira o en el Danubio, comenzó a crear símbolos para comprender el mundo. Sus patrones, a veces interpretados como ojos, son en realidad vestigios de un lenguaje perdido, los «psicodramas» a los que se refería Emmanuel Anati.

La pieza es, a su vez, una cartografía de la historia de Jaén. El libro cerámico simboliza la riqueza de las culturas —tartésica, íbera, árabe— que conforman el subsuelo de la región. Representa la fuerza de esa historia que, en palabras de la artista, «transpira a través de los poros de la tierra».

En definitiva, «Sedimentos, estratos de historia» es una declaración poética sobre cómo la materia conserva la memoria cultural. La obra no solo representa un artefacto, sino que es un artefacto poético en sí misma. Al fusionar la geología del paisaje jienense con la historia de la expresión humana, Lorena nos invita a una contemplación pausada, a sentir el peso de los estratos culturales y a reconocer la profunda belleza que reside en nuestra necesidad ancestral de dejar huella.

La Chorrera. Paco Carrillo

La Chorrera. Paco Carrillo

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La obra de Carrillo es una inmersión en «La Chorrera», un conocido paraje de Valdepeñas de Jaén, que en sus manos parece un paisaje suspendido entre la realidad y el recuerdo. A través de una técnica de grabado en fotopolímero dibujado con gran maestría, el artista nos presenta esta escena natural que es, a la vez, un estudio detallado y un boceto evanescente. La pieza trasciende la mera representación topográfica para convertirse en una meditación sobre la percepción, la memoria y el propio acto de la creación artística.

La composición de la obra se fundamenta en un audaz y poético desequilibrio. La mitad superior está trabajada con una densidad casi obsesiva. Una maraña de vegetación, árboles y sombras se construye a través de trazos finos y entrecruzados, creando una atmósfera densa e impenetrable. En medio de esta espesura, se adivina una pequeña estructura de madera, casi engullida por el bosque.

La pieza vive en la tensión generada entre la masa oscura y detallada de la parte superior y la claridad sugerida de la inferior. El artista parece detener deliberadamente el proceso, dejando gran parte de las rocas y el agua en un estado de esbozo. Esta decisión convierte el papel en blanco no en una ausencia, sino en un elemento activo de la composición: es la luz, el potencial, el espacio por llenar.

La obra es un alarde de virtuosismo en el manejo de la línea. En la vegetación, la línea es nerviosa, fragmentada y acumulativa. En el agua, sin embargo, los trazos son más largos, suaves y paralelos, sugiriendo la calma y el reflejo de la superficie. La cascada que une ambos mundos se define por líneas verticales y enérgicas que transmiten la fuerza y el movimiento del agua.

La obra de Carrillo es una «proposición» poética sobre la naturaleza incompleta de nuestra percepción. No es un paisaje inacabado, sino una declaración deliberada sobre la imposibilidad de capturar la totalidad de una experiencia. Al yuxtaponer lo meticulosamente detallado con lo apenas sugerido, el artista crea un ecosistema visual que es a la vez real y onírico. Es una pieza que nos invita a completar la escena con nuestra propia memoria y a reflexionar sobre la belleza que reside tanto en lo que se muestra como en lo que se omite.