Taller

Taller

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La obra de Hussein Mohsin Hajeer Al Maliki nos sumerge de forma vertiginosa en el santuario más íntimo del artista: el taller. Realizada mediante un grabado láser sobre madera y la aplicación de dos tintas serigráficas, la pieza trasciende la mera representación de un espacio físico. A través de una técnica gráfica que deconstruye y codifica la realidad, Hussein nos presenta un paisaje mental, un autorretrato indirecto donde el aparente caos de la creación se organiza en un sistema visual vibrante y lleno de energía.

La composición nos absorbe de inmediato con una perspectiva distorsionada, casi de «ojo de pez», que abarca el estudio desde un punto de vista elevado. Esta elección no es casual: convierte el espacio en un vórtice que atrae la mirada hacia el centro, donde se concentra la actividad creativa en una mesa de trabajo repleta de materiales, bocetos y herramientas. El desorden es el protagonista, pero se trata de un desorden productivo, un testimonio visual de los procesos de pensamiento y experimentación del artista.

Sobre esta escena se superpone un patrón ondulante y repetitivo, una especie de efecto moiré que funciona como un velo o un filtro. Este elemento unifica la composición y, al mismo tiempo, la desestabiliza, creando una vibración óptica que dota de movimiento a la imagen estática. Dicho velo admite múltiples interpretaciones: puede ser el «ruido» digital de nuestra era, la energía latente del proceso creativo o, incluso, una representación de la propia percepción del artista, que nunca es directa, sino que está siempre mediada por su subjetividad.

En definitiva, la obra de Hussein es una poderosa declaración sobre el acto de crear. Utilizando un lenguaje visual que se nutre de su experiencia en el diseño gráfico, transforma su espacio personal en un símbolo universal del laboratorio de ideas. La pieza no se centra en lo que el artista hace, sino en dónde y cómo surge el pensamiento creativo. Es una invitación a mirar más allá de la superficie de los objetos para percibir la energía vibrante y la luz intermitente que definen la mente de un creador en pleno proceso de invención.

Cuerpo y Paisaje

Cuerpo y Paisaje

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La obra de Mónica Bermúdez es una pieza enigmática y profundamente poética, un grabado en fotopolímero sobre papel hecho a mano de lino y abacá que explora la disolución de las fronteras entre el cuerpo, el paisaje y la memoria. Inspirada en la teoría de la panarquía de los ecosistemas, la artista articula una meditación visual sobre los ciclos de crecimiento, colapso y reorganización que rigen tanto a la naturaleza como a la existencia humana. La obra no captura un instante, sino que representa un proceso de transformación perpetua.

Presentada en una paleta monocromática de tonos sepias y terrosos, la imagen posee una cualidad atemporal, como si fuera un hallazgo geológico o el fragmento de un recuerdo antiguo. La composición se aleja del retrato convencional para escenificar una integración radical: una figura humana camuflada, casi reabsorbida por la tierra. Este cuerpo no se impone al paisaje, sino que parece estar en la fase de conservación y madurez de un ciclo, en una simbiosis que lo vuelve indistinguible del entorno.

El elemento más disruptivo y conceptualmente potente son las dos grandes manchas rojizas que se superponen a la imagen. Estas formas orgánicas funcionan como el catalizador del cambio, el momento de «liberación» o destrucción creativa en el ciclo panárquico. Su presencia quiebra la profundidad fotográfica, afirmando la bidimensionalidad del grabado. A su vez, su ambigüedad material evoca múltiples posibilidades: heridas que inician el colapso, depósitos minerales que marcan el tiempo geológico, o veladuras de la memoria. Son, en definitiva, una marca deliberada, una intervención que simboliza el evento impredecible que fuerza al sistema a reorganizarse.

El tema central, por tanto, es la transformación cíclica. La figura no solo se funde con la tierra, sino que participa en su ciclo de impermanencia y resiliencia. Es una representación de la fragilidad, pero también de la pertenencia a un sistema mayor que se regenera a través del colapso.

En definitiva, la obra de Mónica es una «enunciación» sutil y poderosa sobre la interconexión y la transformación. A través de una composición que favorece el descubrimiento y una intervención abstracta que introduce la disrupción, la artista explora la disolución del yo en un ciclo ecológico más amplio. Es una pieza que nos habla de la belleza de la vulnerabilidad y de cómo el cuerpo, la memoria y el paisaje comparten un mismo destino de perpetua renovación y olvido.

Renascentia. Un Mapa de Identidad

Renascentia. Un Mapa de Identidad

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Renascentia de Elena Prado

Grabado en fotopolímero y serigrafía sobre papel hecho a mano de lino, abacá y sisal

Renascentia: Arte como Vínculo Social y Desarrollo Personal

Mi práctica artística no es solo una indagación personal, sino que se concibe como un instrumento de concordia, capaz de unir a las personas y establecer una conexión intrínseca entre la sociedad y la creación. Esta visión se plasma en «Renascentia», que refleja mis investigaciones de doctorado. Dichos estudios indagan cómo el arte, y concretamente la gráfica, puede ser utilizado como una estrategia efectiva para fomentar una educación inclusiva y convertirse en un elemento determinante para el desarrollo personal de los individuos. Es desde este marco social que la obra traza la intrincada danza entre el ser y su entorno, explorando la materialidad y la conciencia histórica.

El Corazón de Renascentia: Reinterpretando el Cosmos Personal

En el corazón de «Resnascentia» reimaginé el PLANISPHARIVM SIVE ORBIVM MVNDI PTOLEMAICA MACHINA de Cellarius. Este sistema geocéntrico sirve de lienzo para mi existencia, transformando su simetría en un léxico visual de la «circunstancia», contexto ineludible articulado por Ortega y Gasset. Al posicionarme en su centro, encarno la máxima raciovitalista: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». Este acto define la identidad como un diálogo constante con el mundo.

Símbolos de Finitud e Identidad: Memento Mori y la Rueda de Carro

Esta visión central se ancla en viñetas de memento mori y vanitas, recordatorios de nuestra finitud. Dentro de este marco, la rueda de carro, ubicada en el epicentro ptolemaico, adquiere su significado. Su simbolismo de cambio constante y autodeterminación se entrelaza con la conciencia de la finitud. La muerte, al ser el límite inamovible, cataliza la acción individual, impulsando la rueda del ser y transformando cada decisión en un acto deliberado de construcción identitaria.

La Materialidad de Renascentia: Técnica y Metáfora

La materialidad de «Resnascentia» es intrínseca a esta narrativa del «legajo recuperado». El papel hecho a mano evoca antigüedad y memoria. La técnica del fotopolímero es adecuada: captura la huella del ordenamiento ptolemaico con fidelidad extrema, transfiriéndola a las fibras como un registro inalterable. Sin embargo, sobre este positivo impreso, mi intervención manual se convierte en un acto que introduce mi huella personal. Esta dualidad técnica –la reproducción fiel de un sistema cósmico y la huella individual que lo altera– es el corazón del mensaje: la identidad no es solo un mapa preexistente, sino una construcción activa, forjada entre la circunstancia dada y la voluntad transformadora del individuo. Así, la técnica misma se convierte en metáfora de cómo el ser se inscribe y se redefine.

Conclusión: Cartografiando la Existencia y el Desarrollo del Ser

Esta obra sirve como una afirmación tangible de que para verdaderamente «salvar al yo» –para realizar y preservar plenamente el ser– es imperativo honrar, comprender profundamente y dar voz articulada a esa «circunstancia» multifacética que nos moldea y nos impulsa incesantemente hacia adelante. Mi práctica, en su esencia misma, es un acto perdurable de cartografiar la existencia a través de la interacción de los repertorios y las disposiciones, cada uno informando y enriqueciendo al otro en una perpetua búsqueda artística y de autoconocimiento.

Mientras Duerme

Mientras Duerme

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La obra de Gerard Olivas Porcar es una meditación visual centrada en la figura de Mónica en un momento de reposo. A través de una depurada técnica de grabado en fotopolímero, partiendo de un positivo autográfico realizado sobre el soporte true grain, el artista construye una alegoría sobre la identidad, la vulnerabilidad y el espacio del sueño como un refugio frente a un mundo caótico. La composición se organiza en torno a la figura horizontal, que aporta estabilidad y calma en contraste con un fondo más dinámico.

El tratamiento de la figura es de un realismo delicado y meticuloso. El trazo manual del artista es preciso y sutil, modelando con suaves gradaciones de sombreado tanto el volumen del cuerpo como la textura de la ropa. La luz parece concentrarse en ella, resaltando la placidez de su rostro y acentuando la serenidad de su postura. El cabello, largo y oscuro, es tratado con especial atención, en línea con la investigación del artista sobre su papel como marcador de identidad; aquí fluye de manera natural, simbolizando un estado de ser auténtico y desprotegido. Que la modelo sea Mónica no es algo casual, pues sugiere un retrato íntimo en un momento de vulnerabilidad.

En marcado contraste, el fondo es un torbellino de trazos lineales expresivos, enérgicos y aparentemente caóticos. La gestualidad del artista se vuelve rápida y densa, creando una textura abstracta que evoca un ruido visual o la agitación del mundo exterior. Este fondo no funciona como un entorno físico, sino como un paisaje emocional, un «campo de fuerzas» que presiona y rodea la quietud de la figura central. Las extrañas formas orgánicas que se insinúan en los márgenes incluso sugieren que este caos amenaza con invadir el espacio seguro del sueño.

Esta dualidad formal es la clave de la interpretación de la obra. Dado el interés de Olivas Porcar por el cabello como símbolo sociocultural, la pieza puede leerse como una reflexión sobre la identidad en su estado más puro y latente. Mientras duerme, su identidad no se ve contaminada por el mundo exterior. Es la identidad de una creadora en reposo, conectada con el origen de su imaginación. El fondo caótico, por tanto, simboliza las fuerzas sociales, las expectativas y los conflictos que moldean y, a veces, violentan la identidad en el estado de vigilia. En este sentido, Olivas reinterpreta la visión de Goya, inspirada tras su visita al Museo de Jaén: si en el siglo XVIII los monstruos nacían del «sueño» de la razón, en la contemporaneidad parecen surgir precisamente de la vigilia, de la incesante presión del entorno amenaza la identidad individual.

Distrito Minero. Linares

Distrito Minero. Linares

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La obra de Antonio Alcaraz, Distrito Minero. Linares, toma como punto de partida el registro fotográfico de un camino en la zona minera de Linares para proponer un análisis objetivo del paisaje. A través de una técnica mixta de grabado en fotopolímero y serigrafía, el artista explora las ruinas como elementos de la arqueología industrial y como testimonios de un pasado productivo ya extinto.

La imagen se caracteriza por un alto contraste, logrado con la técnica del fotopolímero sobre un papel impreso en serigrafía con tonos ocres, cuyas huellas de óxido añaden una capa de temporalidad. Este proceso técnico es fundamental: el papel hecho a mano, con su gramaje ligero y sus fibras de lino y abacá, dota a la obra de una notable fragilidad. Esta combinación trasciende la simple reproducción fotográfica y presenta la pieza como un objeto encontrado, un documento rescatado de un archivo olvidado.

La pieza se presenta como un documento visual. Las ruinas son «índices» de la actividad y la vida que una vez albergaron. La chimenea sin humo y la gabia inmóvil son testimonios de un ciclo concluido, en contraste con la vegetación que emerge entre los escombros, representando el lento pero imparable avance de la naturaleza.

En síntesis, la obra de Alcaraz se inscribe en el ámbito de la arqueología industrial, al documentar cómo los vestigios del paisaje productivo se transforman en monumentos  que registran el ciclo de la historia.

Badland Flamingo: Una Reflexión Atemporal en la Obra de Christian Walter

Badland Flamingo: Una Reflexión Atemporal en la Obra de Christian Walter

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Badland Flamingo: Una Reflexión Atemporal en la Obra de Christian Walter

Ciertas obras trascienden su mera representación para interpelar directamente la sensibilidad. Este es el caso de Badland Flamingo, una pieza que anima a una meditación sobre la relación entre la actividad humana y el paisaje. Desde su irónico título,  Walter introduce una dualidad fascinante: la aridez de una «tierra baldía» y la inesperada elegancia de un «flamenco». Esta yuxtaposición inicial prepara al espectador para una experiencia visual que desafía los prejuicios y busca la belleza y el significado en un contexto inesperado.

La Maestría Técnica: Profundidad y Textura

La obra ha sido realizada mediante un grabado en fotopolímero a una tinta. Esta elección técnica, al despojar la imagen del color, dirige intrínsecamente la atención hacia las siluetas, las texturas y la interacción entre luces y sombras. Esto hace que la imagen se sienta menos ligada a un «momento» y más a una «esencia». El efecto es el de una transferencia de la propia textura de la tierra al soporte, invitando a una percepción casi táctil de la superficie. Se observa cómo la luz esculpe las siluetas metálicas de los arados, acentuando su robustez, y cómo define la aridez de la tierra seca.

Composición: Diagonales y Perspectiva Dinámica

La composición de Badland Flamingo constituye un estudio de repetición y ritmo. Las hojas de los arados, lejos de presentarse al azar, configuran una secuencia de diagonales que se adentran en el espacio, estableciendo una profunda sensación de perspectiva y profundidad. Este dinamismo visual, acentuado por la elegancia de sus curvas, dota a la obra de una gracilidad que contrasta con la dureza de su temática.

Atmósfera: Monumentalidad y Resonancia Histórica

La imagen evoca de manera inmediata el esfuerzo laboral, la agricultura y la profunda conexión del ser humano con el suelo. Sin embargo, su alcance trasciende la mera representación. Walter confiere a estas herramientas agrícolas una cualidad monumental y atemporal,izándolas en reliquias de un pasado ancestral que, no obstante, permanecen «aún presentes y poderosas». No son meros objetos; son depositarias de historia, de trabajo y de la persistencia vital.

Badland Flamingo transmite una innegable sensación de fuerza contenida y de historia. Se erige como una meditación visual sobre la tenacidad, la belleza inherente al trabajo y el legado que la humanidad inscribe en el paisaje. Una obra que invita a la contemplación y a la exploración de la profunda narrativa que puede emanar de lo aparentemente sencillo.